lunes, 22 de noviembre de 2010

Proporción Áurea

Qué cosa más curiosa e interesante. Había oído y leído algo sobre la proporción áurea, y me parece un tema fascinante. (FI) no se como se ponen las letras griegas en el teclado, es el número que rige las proporciones del universo, está presente en la disposición existente entre los pétalos de una rosa, en la espiral de una galaxia, en una borrasca o en las hélices de una molécula de ADN.

El concepto parece muy, pero que muy, matemático, y claro, yo que dejé las mates sin posibilidad de Consuelo hace ya tiempo, siento una especie de pescozón en la parte baja del cerebelo cuando me enfrento a conocimientos para los que no estoy del todo preparado.
Esta proporción, que puedes encontrar de manera natural en la natural naturaleza, ha sido plasmada en muchas obras del hombre, lo que no tengo claro es si en muchos casos ha sido a propósito, y hemos sido nosotros quienes hemos buscado esa proporción, o primero hemos tratado de crear algo hermoso, y después nos hemos dado cuenta de que una parte de su belleza reside en esa proporcionalidad.

La escala de oro es la que marca el tamaño del Partenón, y es también la escala del cuerpo humano, como mostró Leonardo con su Hombre de Vitrubio. También está presente en el rostro de la Gioconda y en todo el arte posterior.

La relación de proporción fue descrita por primera vez por los pitagóricos, que pensaron que era un número mágico y decidieron guardarlo en secreto, sin darse cuenta que nada hace tan excepcional la sabiduría como la ignorancia que la rodea.

El caso es que me he dado cuenta de que cada vez es más importante esta proporción, y se nota que los diseñadores contemporáneos también se han dado cuenta de que en ella reside una parte importante de la BELLEZA de este mundo.
La proporción áurea, la regla de oro, está presente en la portada de un libro, la cajetilla de tabaco o la pobre tarjeta de crédito que reside en mi cartera, desolada. Está incluida en el pentágono, en el triángulo y en el rectángulo; en la forma del sol y de las estrellas; en la pantalla sobre la que lees esto y en la libreta cuadriculada; en la forma del rostro y los ojos de mi amada, en el resto de su cuerpo y por supuesto, en su cama.

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